Big Oil has moved on from ‘greenwashing.’
Big Oil has moved on from ‘greenwashing.’
El artículo revela un cambio estratégico significativo por parte de las principales compañías petroleras, que pasan del tradicional "greenwashing" (lavado de imagen ecológico) al "gaslighting" (manipulación psicológica), donde ya no intentan parecer sostenibles, sino que siembran dudas sobre la necesidad de abandonar los combustibles fósiles. Al enmarcar su continua expansión como esencial para la seguridad energética y la estabilidad económica, estas corporaciones se han alejado de destacar pequeñas iniciativas verdes para defender agresivamente la dependencia de los combustibles fósiles como una necesidad pragmática. Este cambio narrativo tiene como objetivo confundir al público sobre el verdadero impacto ambiental de sus operaciones y la urgencia de la acción climática. Este giro retórico coincide con un retroceso más amplio de la sociedad frente a la urgencia climática, lo que permite a los gigantes del petróleo posicionar el gas natural y el petróleo como indispensables para la vida moderna, incluyendo el apoyo a avances tecnológicos como la inteligencia artificial. Investigaciones indican que estas compañías a menudo hablan de las energías renovables solo para resaltar sus supuestas deficiencias o para legitimar aún más la infraestructura de combustibles fósiles, como el uso de la energía eólica para alimentar plataformas petroleras. En consecuencia, su mensaje sirve para mantener su "licencia social para operar" al presentar los combustibles fósiles como un componente equilibrado y responsable de cualquier futuro energético, desalentando así el apoyo público a una rápida eliminación. Este análisis es críticamente relevante para comprender el greenwashing, ya que ilustra cómo la táctica ha evolucionado desde el marketing ecológico superficial hasta la desinformación activa. En lugar de simplemente exagerar sus credenciales verdes, las compañías ahora socavan sistemáticamente el consenso científico sobre la necesidad de detener la construcción de infraestructura de combustibles fósiles. Este cambio demuestra cómo la influencia corporativa puede distorsionar la percepción pública de las realidades energéticas, complicando los esfuerzos para abordar el cambio climático al enmarcar la descarbonización necesaria como un riesgo económico en lugar de una imperativo ambiental.
Fuente: progressive-charlestown.comPublicado el 2026-03-29