El artículo expone cómo los Emiratos Árabes Unidos (EAU) emplean el "woke-washing" para encubrir sus intereses en combustibles fósiles, apropiándose del lenguaje progresista de la justicia social. Al afirmar que priorizan la inclusión y la solidaridad durante la COP28, el país anfitrión crea una apariencia engañosa de alineación con valores que fundamentalmente se oponen. Esta táctica sirve para desviar la crítica respecto a graves violaciones de los derechos humanos y la supresión del disenso, explotando efectivamente los movimientos sociales para sanitizar la imagen del Estado petrolero y proteger sus ganancias económicas. Simultáneamente, los EAU promueven el "solucionismo de los combustibles fósiles", una táctica dilatoria que presenta a la industria del petróleo y el gas como un socio esencial en las soluciones climáticas. El presidente de la COP28, Sultan Ahmed Al-Jaber, aboga por la inclusión de las industrias con altas emisiones en las negociaciones, sugiriendo que los combustibles menos intensivos en carbono forman parte de la mezcla energética necesaria. Esta narrativa permite que los principales contaminadores mantengan su influencia sobre la política climática, asegurando su participación continua en los procesos de toma de decisiones que deberían priorizar la rápida descarbonización sobre la rentabilidad corporativa. Este caso es críticamente relevante para comprender el greenwashing, ya que demuestra cómo el marketing ambiental va más allá de las simples afirmaciones sobre la huella de carbono e incluye manipulación ética y social. Al entrelazar la alianza performativa con el interés propio de la industria, los EAU ilustran una forma sofisticada de desinformación que oscurece la verdadera urgencia de la crisis climática. Destaca cómo los actores pueden utilizar retórica inclusiva para legitimar a los contaminadores, erosionando así la confianza pública y obstaculizando una acción climática significativa bajo el pretexto de la unidad y el progreso.

Source:
Published on 2023-11-22